La crisis migratoria no tiene solución bajo el capitalismo

Por Daniela Soto

La falta de oportunidades tanto laborales, de vivienda, como de salud y educación, cada vez se agudizan más y golpean fuertemente a las familias trabajadoras a nivel mundial. El desempleo, la precarización, los desalojos masivos y la explotación funcionan como motor para sostener el poder del capital, otro de los grandes problemas sociales es el de la migración.

Cada año las cifras de migraciones siguen en aumento; según el Instituto Nacional de Migración (INM) en 2019 el total de migrantes internacionales fue de 272 millones de personas, en el mismo año 810 personas murieron en el continente americano cruzando ríos, 497 de ellas en la frontera entre EEUU y México. Sumando a ello podemos mencionar que el crimen organizado no solo secuestra sino asesina a los migrantes como lo han mostrado la masacre de San Fernando, Tamaulipas, y demás cuerpos y fosas encontrados ahí; los restos humanos encontrados en Cadereyta, Nuevo León y, en enero de este año, los cuerpos calcinados en Camargo, Tamaulipas, varios de ellos identificados como migrantes guatemaltecos. Este último ejemplo muestra que el problema de la violencia del crimen organizado contra los migrantes persiste y no ha sido resuelto por el actual gobierno.

La crisis del capitalismo se ha encargado de consolidar la problemática migratoria, de tal manera que, los países “avanzados”, es decir, los que han desarrollado con mayor rapidez sus fuerzas productivas, se vuelven en una búsqueda de oportunidades para los trabajadores de los países atrasados como lo son los de Centroamérica: Honduras, Guatemala, El Salvador y el Caribe como es el caso de Haití. Países colapsados no solo económica sino políticamente.

De Centroamérica a México

La migración de estos países llamados “El Triángulo del Norte” lleva décadas ocurriendo, si bien el “filtro” es cruzar por México para finalmente llegar a territorio estadounidense, la mayoría de migrantes no logra pasar la frontera, alojándose así en diferentes estados de la república. Esto ocurre de Guatemala a México aproximadamente desde finales del siglo XIX; la migración hondureña es más reciente, se agudizó después del impacto del huracán Mitch en 1998 pero el crecimiento más significativo se da tras el golpe de Estado al presidente Manuel Zelaya en 2009. En El Salvador, las salidas se ocasionaron principalmente desde la guerra civil de 1980 aunque, tras los acuerdos de paz, la migración aun fue mayor porque se dio toda una ofensiva contra los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad sumado a que se vivió el ascenso de la violencia de las pandillas, regresando a cifras de homicidios de un país en guerra. Pero incluso ya había antecedentes migratorios tiempo atrás.

En 2017 el registro mostraba que la cifra aproximada total de migrantes centroamericanos era de 800,000 personas. A lo largo de 2018 hubo dos grandes grupos de caravanas: la primera que atravesó México entre marzo y mayo y la segunda entre octubre y diciembre. Debemos tener claro que durante esos años la política migratoria de EEUU, bajo el gobierno de Donald Trump y toda la cuna del imperialismo, se expresaban carácteres sumamente reaccionarios, acciones racistas y xenófobas y políticas inhumanas que están íntimamente ligadas al capitalismo y el imperialismo.

La política del imperialismo ha provocado un verdadero desastre en la región, los casos más claros son Honduras, donde se sostiene a gobiernos golpistas que han llevado a las masas a la miseria, y Haití, un país colapsado, donde las pandillas tienen alto poder y hasta vivieron el asesinato de uno de sus presidentes. A partir de la crisis económica mundial, acelerada por la pandemia de COVID-19, el fenómeno de las caravanas migrantes se profundizó rematadamente.

Así mismo es importante mencionar cual ha sido el panorama general de desempleos en estos países. Cuestión que claramente se agravo por la pandemia del Covid 19. Pero aun así la tasa de desocupación y desempleos lleva años en picada. Honduras, reportó que 120,000 personas habían sido suspendidas laboralmente, la tasa de desempleo fue de 10.9%, registrando un crecimiento significativo respecto a la que se observó en 2019 (5.7 %) (INE, 2020).

En Nicaragua, por su parte, al segundo trimestre del 2020, la tasa de desempleo a nivel nacional se ubicó en 5.4%, al igual que en el segundo trimestre de 2019 (INIDE, 2020).

En Guatemala el empleo comparado con los datos de 2019, se perdieron aproximadamente 60,939 empleos y se dejaron de generar 17,400 previstos.

En El Salvador, según datos de la OIT (2020) la población más afectada por el desempleo son las personas jóvenes, ya que, de 196,747 personas desocupadas, aproximadamente el 40.1%, se encuentran en el rango de 15 a 24 años, registrando una tasa de desempleo de 13.4%.

Estas cifras no emergen de la nada, son el resultado de una nula apertura de campos laborales, pero, cómo habría acceso si ni siquiera hay producción de empleos. Un síntoma más que se suma a la enfermedad del capitalismo.

La actual caravana migrante

Desde agosto de este año, 77,500 migrantes habían solicitado refugio en México. Durante septiembre las autoridades estadounidenses detuvieron a más de 1.7 millones de migrantes a lo largo de la frontera. En octubre se presentó una caravana con más de 2,000 personas de Haití, Venezuela y Cuba que partió desde Tapachula, en el estado de Chiapas, con destino a la capital de México.

Mientras AMLO iniciaba un dialogo sobre la inmigración en Washington, en la mañana del 18 de noviembre, más de 3,000 centroamericanos, mujeres, niños y jóvenes, partían desde Chiapas y Veracruz con rumbo a la frontera con EEUU. Se enfrentaron a los retenes y agresiones de la Guardia Nacional e incluso a agentes del Instituto Nacional de Migración, con la intención de disolver rápidamente las caravanas haciendo uso de la fuerza, como lo ha sido anteriormente. Enviando de vuelta a varios migrantes a la frontera de Guatemala.

La política de la 4T frente a la migración centroamericana

El gobierno mexicano ha sostenido la estrategia de contención a las personas migrantes en distintas regiones del país, con el propósito de “reducir la presión” en la frontera de Estados Unidos.

La respuesta actual tanto de López Obrador y el gobierno estadounidense de Joe Biden busca destinar presupuestos de millones de dólares, pero que son apenas suficientes para algunos programas de desarrollo y apoyo hacia Centroamérica, buscando así amortiguar la migración, no de resolver la problemática, la cual tiene su origen en la falta de empleo, oportunidades y el atraso económico que la clase dominante mantiene a los países centroamericanos.

AMLO ha declarado que lo que hace falta es poner manos a la obra para resolver la crisis migratoria, haciendo un llamado a la propia inversión capitalista en las regiones donde se produce la migración, esto quiere decir un intento para generar empleos para unos 600 y 800 mil trabajadores centroamericanos, que sirva de contención parcial a la migración y permitiendo mayores niveles de explotación y ganancia capitalista.

Tras la cumbre trilateral, del pasado jueves entre AMLO, Biden y Trudeau, hubo varias declaraciones. Biden aseguró que quiere construir un sistema migratorio “más humano”, a pesar de que su gobierno sigue deportando a la mayoría de migrantes. Habló de querer reformar el sistema judicial estadounidense, que parece una utopía, el proyecto sigue paralizado en el congreso. Andrés Manuel planteó que es necesario “dejar de rechazar a los migrantes”, ya que el crecimiento “necesita de fuerza de trabajo” planteando un estudio de la mano de obra y una apertura del flujo migratorio. A pesar de estas declaraciones, la política de la 4T se ha visto cimentada en la contención de los migrantes con el uso de violencia por parte de la Guardia Nacional.

La promesa de una política o reforma migratoria lleva años sin plasmarse y hoy en día sigue lejana.

Es así como AMLO ha declarado la intención y la necesidad urgente de discutir a profundidad sobre la migración.  El problema es que en ningún momento hace mención de que la profundización de la crisis migratoria es causada y perpetuada por un sistema ineficiente, en descomposición e incapaz de brindar una vida digna a las familias trabajadoras, como lo es el capitalismo.

¿Hay solución dentro del capitalismo a la migración?

La migración es la expresión del atraso en el desarrollo de las fuerzas productivas y la profundización de la crisis orgánica del capitalismo. Hay una expectativa de ir en busca de mejores condiciones de vida para la clase trabajadora, aunque esto cueste un camino peligroso e incierto.

Nos posicionamos por dar asilo a los migrantes que lo necesiten, porque se les den fuentes de empleo en sus países, en México o en EEUU. Ningún ser humano es ilegal. Ellos son víctimas de la pobreza y la violencia del capitalismo, de la política criminal del imperialismo. No hay una solución nacional al problema migratorio, esto pasa por generar los empleos dignos suficientes que el capitalismo en crisis orgánica es incapaz de dar. Se requiere acabar con el caos capitalista, poniendo la economía en propiedad y bajo control de los trabajadores, en una federación socialista de América.

La realidad es que mientras la burguesía exista y el capitalismo continué con la política de intervenciones imperialistas, el acaparamiento de riquezas, la falta de oportunidades laborales, los recortes a la educación, la precarización y explotación, el racismo y xenofobia seguirán existiendo. De tal manera que, aunque las personas migren, si no se logra eliminar por completo el actual modo de producción y las bases sobre las que se sostiene, difícilmente, las condiciones de vida de la clase trabajadora, mujeres y jóvenes migrantes mejorarán realmente. Así entendemos cuales son algunas de las agudas contradicciones de este sistema en descomposición.

Es innegable que los recursos a nivel internacional existen, para que todos los que los producimos y trabajamos podamos gozar de ellos y así obtener una vida digna. El problema es que bajo el capitalismo esta riqueza está concentrada en unas cuantas manos.

La situación extrema que viven diariamente los países de Centroamérica son resultado de la incapacidad natural del capitalismo por desarrollar las fuerzas productivas y no poder generar condiciones dignas de vida y seguridad para la clase trabajadora, orillando a crear una dependencia hacia los países avanzados, aunque también en este periodo el imperialismo se encuentra en un callejón sin salida.

Es así como, la crisis migratoria actual es inseparable del capitalismo, y no se podrá solucionar dentro del marco capitalista.

Nuestras reivindicaciones hoy más que nunca deben ser la lucha a nivel internacional por conquistar un futuro digno para todos y todas, independientemente de nuestra raza, religión o sexo. Porque nadie nunca tendría que ser ilegal. La emancipación humana total, para de una vez por todas acabar con la crisis migratoria y todos nuestros malestares, vendrá de la mano con la conquista del poder político de la clase trabajadora. Es decir, con la implantación del socialismo internacional que garantice una vida plena y resuelva por completo las contradicciones y crisis que se han formado bajo el seno del capitalismo.

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